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LAS SEMILLAS DE CHÍA, UN ALIMENTO SUPERCOMPLETO
Las semillas de chía (Salvia Hispánica) constituyeron uno de los cultivos más apreciados de las sociedades precolombinas y hoy sabemos por qué: poseen aminoácidos esenciales, proteínas, vitaminas del complejo B, minerales -selenio, hierro, calcio, magnesio, fósforo, zinc y potasio- y quercetina pero, sobre todo, ácidos grasos esenciales omega 3 pues un 60% del aceite que se obtiene con ellas es ácido alfa linolénico que además se halla en el equilibrio adecuado con los ácidos grasos omega 6 que también contiene. Estando su porcentaje en fibra entre el 50 y el 60%. Y como no tienen gluten las pueden consumir los celíacos. En suma, un alimento supercompleto.
FUENTE BÁSICA DE ÁCIDOS GRASOS ESENCIALES
Una investigación reciente acaba de confirmar las saludables propiedades de esta planta. Siendo sin duda el principal valor su alto contenido en aceites saludables. Y es que la chía posee de un 32 a un 39% de aceites en su composición de los que el 82% son ácidos grasos esenciales –ácido alfalinolénico (omega 3) y ácido linolénico (omega 6)- lo que constituye el porcentaje más alto entre los cultivos con el añadido de poseer el porcentaje natural más elevado conocido de ácido alfalinolénico (60-63%).
El ácido graso alfalinolénico actúa en el cuerpo humano como un sustrato para la transformación en DHA o ácido docosahexanoico y EPA o eicosapentanóico, ácidos grasos poliinsaturados fundamentales en nuestra nutrición por sus propiedades saludables como hemos explicado reiteradamente en numerosas ocasiones en la revista. Entre otras cosas, ayudan a mantener la flexibilidad de las membranas celulares facilitando a los receptores de membrana el acceso de los compuestos esenciales que regulan la vida de la célula, la entrada de oxígeno y la salida del dióxido de carbono y residuos celulares. Por eso son fundamentales para la prevención y tratamiento de numerosas patologías, principalmente las cardiovasculares, las neurodegenerativas, los procesos inflamatorios e, incluso, el cáncer.
Las semillas de la Chía son también una buena fuente de vitamina B. Y ya se sabe que un bajo nivel de ella en sangre se asocia a un riesgo creciente de enfermedades coronarias al favorecer la formación ateroma en las paredes arteriales. Además son ricas en minerales como el hierro, el calcio, el fósforo, el potasio, el zinc, el cobre, el selenio, el manganeso y el magnesio.
Y por si fuera poco poseen entre un 19 y un 23% de proteínas lo que las permite compararse favorablemente con otros granos nutricionales como el trigo (14%), el maíz (14%), el arroz (8,5%), la avena (15,3%), la cebada (9,2%) y el amaranto (14,8%). Con la ventaja de que su aporte calórico es muy bajo lo que las hace recomendables para quien está a dieta y para una buena depuración intestinal. Y como no poseen gluten pueden consumirlas los celíacos.
PROPIEDADES
ANTIOXIDANTES
Las semillas de Chía contienen asimismo una importante
cantidad de flavonoides
-compuestos con potente actividad antioxidante- siendo los
más importantes el ácido
clorogénico, el ácido
cafeíco, la miricetina y la quercetina.
Flavonoides que son antiinflamatorios, antimutagénicos,
antivíricos y anti
cancerígenos (especialmente se usan en cánceres
de pulmón y estómago) además de
ayudar en la cardiopatía isquémica.
Cabe agregar que los propios antioxidantes presentes en estas semillas
sirven
para la buena conservación del aceite que se obtiene con
ellas. Y explica por
qué los mayas, sin grandes técnicas de
conservación, podían almacenar la harina
de Chía durante largos períodos sin que se
pusiese rancia, algo poco habitual
en las semillas oleaginosas.
De hecho que su oxidación sea prácticamente nula
le confiere ventajas frente a
otras fuentes de ácido alfalinolénico
como el lino, del que también
hemos resaltado sus propiedades anti cancerígenas por su
riqueza en omega 3
pero que muestra una descomposición más
rápida debido a la ausencia de
antioxidantes en su composición.
MUY RICAS EN
FIBRA
Agregaremos que una vez el aceite se ha extraído de las
semillas de chía el
material remanente contiene entre un 50 y un 60% de fibra. Y que 100
gramos
aportan el 100% de las necesidades de fibra diaria, sobre todo en forma
de
fibra soluble (mucílagos) ya que retarda el
índice de glucosa en sangre y
reduce la absorción de colesterol.
“Una de las razones por las que las semillas de
Chía aumentan la resistencia
física –afirma James E.
Scheer, autor de The Magic of Chia- es
que aunque se digieren fácilmente absorben más de
siete veces su peso en agua y
forman un gel que provoca una liberación lenta de los
hidratos de carbono y una
igualmente lenta conversión de sus carbohidratos en glucosa
al obtener energía.
La capa exterior de las semillas Chía es rica en fibra
soluble muciloide, muy
importante para mantener protegidas las semillas de la sequedad del
aire seco
desértico. Las semillas, cuando se mezclan con agua o los
jugos del estómago,
forman un gel que crea una barrera física entre los
carbohidratos y las enzimas
digestivas. Los carbohidratos son así digeridos pero de
forma uniforme y lenta.
No hay pues aumentos o picos de insulina necesarios para reducir el
nivel de
azúcar en sangre después de comer
Chía. La capacidad de retención de agua del
gel también ayuda a mantener el nivel de ingesta de agua y
mantener el
equilibrio electrolítico”.
En los estudios realizados en el 2004 por el doctor Vladimir
Vuksan -del
Clinical Nutrition and Risk Factor Modification Centre at St.
Michael's
Hospital de Toronto- se concluyó que una ingesta
regular de semillas Chía
en pacientes con diabetes tipo 2 ayuda a reducir la
coagulación de la sangre y
las inflamaciones. Más aún, los pacientes
alcanzaron una reducción de la
presión sanguínea mayor que con la ingesta de
otros medicamentos. Vuksan
también ha descrito los mecanismos por los que la
Chía mejora la función
endotelial, la coagulación, la fibrinólisis y el
nivel de hierro. Y ha
propuesto el uso de Chía no sólo en el
tratamiento de la diabetes sino también
para el control de factores de riesgo tales como la presión
arterial, los
niveles de glucosa en sangre, la glicemia post-prandial, los factores
inflamatorios (proteína C-reactiva), la
coagulación (fibrinógeno, factor VIII y
factor von Willenbrand) y los fibronolíticos (como t-PA), el
nivel de hierro y
la función endotelial.
Es además interesante saber que como los insectos no se
sienten atraídos por
esta planta no se emplean productos fitosanitarios en su desarrollo. Se
trata
pues siempre de cultivos orgánicos y ecológicos.
CÓMO CONSUMIRLA
Las semillas de Chía pueden ser agregadas -enteras o
molidas- a zumos
naturales, leche, yogur, salsas, sopas, cremas, verduras, pasteles y
otros
alimentos además de en ensaladas como aliño pues
como no tienen un sabor muy
fuerte apenas se aprecia cuando está mezclada con otros
alimentos. De hecho en
la actualidad hay estudios que prueban las ventajas de utilizar la
harina de
Chía en la elaboración de pan, barras
energéticas y suplementos dietéticos. Y
puede ser aplicada como gel dejándolas remojar de 20 a 30
minutos en agua fría.
Ricardo Ayerza y Wayne E. Coates,
que han
investigado durante años las propiedades de las semillas de
chía, afirman en su
trabajo Alimentos silvestres en la prevención y
promoción de la salud lo
siguiente: “La Chía (Salvia
hispánica L) es la fuente vegetal conocida con
más ácidos grasos omega 3 además de
una buena fuente de fibras y proteínas.
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Omega 3: la Chía es la mayor
fuente vegetal de éste ácido graso que impide la
oxidación de los lípidos alimenticios. |
Antioxidantes: combaten el envejecimiento y
deterioro de los tejidos que causan enfermedades degenerativas
(cáncer, apoplejía, infartos, artritis, etc.) |
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Vitamina A: favorece la visión
diurna y nocturna, la elasticidad del cutis, la formación de
huesos fuertes, cabellos, dientes, encías sanas, previene
manchas en la piel por la edad. |
Niacina: es una vitamina B que ayuda a
combatir la depresión, stress, mejora notablemente el
sistema nervioso y contribuye a la belleza de la piel. |
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Calcio: previene la osteoporosis o suaviza
sus efectos, y las mujeres en edad de menopausia tanto como los atletas
necesitan grandes cantidades, siendo esencial en la
formación de huesos y dientes. |
Fósforo: nutre el sistema nervioso y mejora
la actividad cerebral como por ejemplo la memoria y
concentración. |
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Potasio: evita calambres, sobre todo en
deportistas, mejora la actividad muscular y ayuda a mantener la
presión sanguínea estable. |
Magnesio: es uno de los minerales
esenciales, gran energizante físico, fundamental en la dieta
del deportista, y que además ayuda en la
absorción del Potasio y Calcio, y en problemas de
depresión, debilidad muscular y presión alta. |
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Zinc: promueve el sistema
inmunológico saludable, agudiza el gusto y el olfato,
gobierna la contractibilidad de los músculos y es importante
para las glándulas prostáticas y
órganos reproductores. |
Proteínas: tiene alto contenido de
estos nutrientes indispensables para la salud del organismo y
desarrollo muscular. |
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